Mirar para adentro

ñetes

Diciembre terminó intenso. Nos estrenamos de verdad, The Veroñas (ya sé que os dije que era Lentejuela Kill, pero terminamos con este nombre para el grupo porque tiene historia detrás) amenizó el último vermú del año a mucha gente. La acogida fue brutal, yo me sentí realmente cómoda y lo que sentí al ver disfrutar a la gente con nuestra música es una sensación que no quiero soltar nunca más.

Enero ha empezado reflexivo y muy para adentro, estudiando, leyendo, y sin parar de pensar. Creo que en estos momentos me apetece centrarme en lo que tengo cerca. Digamos que “arreglar mi casa mental” y acompañar el camino que han emprendido los que tengo alrededor. He decidido no intervenir si no es porque me preguntan. Lo complicado de tomar consciencia es que al principio quieres compartir con todo el mundo tus conclusiones, como queriendo abrir los ojos de la gente, pero nadie está en mi cabeza y cada uno tiene su camino.

La ira que siento de vez en cuando, más bien la indignación, la transformo en letras. Las emociones de las que he renegado mucho tiempo (es lo que tiene ser pasional, que a veces viene bien y otras eres un poco gilipollas con la gente) las he aprendido a transformar en algo útil. Ahora se pueden saltar, bailar y gritar. Me llena tanto.

Pero sigo siendo mamá, que es maravilloso y a veces te sobrepasa, es lo que tiene ser consciente, que sabes qué es lo que provocan tus palabras y actos en tus hijas. Y ser mamá y tener esta cabeza en ebullición de la que me canso hasta yo, a veces cuesta. Cuando sólo tenía a Nora lo escribía todo de ella, Vera se queda sin una descripción tan exhaustiva de su infancia y eso que es una niña de lo más interesante.

Vera empezó a hablar mucho el verano pasado, pero reculó cuando entró en la guarde con niños más pequeños que ella. Sigue siendo experta en causarme paradas cardiacas, todo lo investiga, lo toca, lo golpea, lo huele y lo mete a su bolso. Es como una pequeña aventurera.

Estas Navidades ha empezado a expresarse con total claridad (aunque con la vuelta al cole otra vez habla menos): “Mamá, sospecho que pis puñecos quieden comel un poquito de chocolate.” Esa lengua de trapo, que no experimenté con Nora, es que me encanta. Igual que es muy rápida, también es observadora y empírica. No quiere explicaciones, quiere experiencias y a mi me cuesta un mundo darle tanta libertad, tengo que hacer verdaderos actos de contención.

Quizá por eso necesito seguir estudiando, leyendo y esas cosas a parte de mis menesteres (profesionales o no). Me cuesta bastante la sociedad, no soy capaz de ver las noticias sin llorar, hacer zapping sin horrorizarme y preguntarme cómo voy a conseguir que el mundo de mis hijas no sea el del miedo, que sea solidario, cómo hacer que sea bonito. Entonces apago la tele y empiezo a pensar en la suerte que tengo de tener gente bonita cerca, que ve aún más lejos que yo, que se empeñan en ser felices sin más, que organizan talleres preciosos a los que poder llevarlas, la suerte que tengo de haber ido conociendo sitios en los que respiren oxígeno.

Apago la tele y decido dejar de juzgarme y juzgar a los demás. Escucho Lazarus y pienso en la tremenda suerte de haber podido formar parte de una generación puente, la suerte de haber disfrutado de la película “Laberinto”, de haber bailado “Rebel rebel” en mi habitación con 14 años. La bailo con mis hijas en el salón, se ríen a carcajadas y perdonan tu mal humor de ayer sin un resquicio de resquemor. Bailan contigo, ríen contigo y decido que ese preciso instante de mi vida es perfecto. Me olvido del resto: no hay miedo, no hay incertidumbre, no hay preocupación. Solo pura felicidad.

Mi propósito para este año es disfrutar de cosas bonitas cada día, vivir bien los momentos buenos y no dejar que algo ajeno a mi llene mi cabeza de preocupaciones y miedos. Lo que yo puedo aportar está en mi, en el contacto que tengo con los de mi entorno, y si consigo hacer que algo haga click en personas cercanas, si consigo hacer que alguien tenga un buen día o mejorar en algo la perspectiva de una mirada, estar aquí habrá merecido la pena.

Maravilloso día a quién se asome por estos lares y haya aguantado el tostón de jueves que he soltado 😉  🙂

10 Comments

  1. Es evidente que vivimos en el mundo y no pueden dejar de afectarnos las cosas que en él suceden pero siempre podemos crearnos nuestro microcosmos, donde poder ser felices. Un besote!!!

  2. Me gusta como reflexionas, me gusta cómo te comportas con tus hijas, me gusta cómo ves la vida pero sobretodo me gusta esa decisión que has tomado.
    Besos

    • Maria

      Aplaudo tu publicación (no es fácil publicar un poema, son muy personales) y tus ovarios. ¡A por 2016!

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