13 Comments

  1. Me encanta tu terraza. Es una cucada!!! A mí también me da mucha rabia que me interrumpan cuando estoy hablando (y eso que no tengo niños) y que jueguen con la comida, ya ni qué decir… Creo que yo llevaría mal lo de los “automáticos”. Jajajaja. Besotes!!!

    • Jajajaja, eso es trabajarlos o ceder el momento al que lo lleve mejor. Tienen la necesidad de ver qué pasa cuando untan en la mesa el puré, meter la mano en el yogur o ponérselo en el pelo como mascarilla. Jajajaja. Es taaaan difícil. Besotes!!!!!

  2. Yo a veces con estas cosas me pongo un poco escéptica/cínica. Te comento con el ejemplo de “mamá un millón de veces”: a mí me pone frenética también… Pero… ¿¿¿y a quién no??? Es ue es algo desagradable “per se”, no crees? Que te machaquen 80 veces con la misma palabra sin tregua ni desaliento, jajaja! En otras cosas quizá sí hay algo oculto de nuestra propia infancia, pero en cosas como esta no lo veo.

    Y luego la teoría de contestar a la primera eso que dices… está genial, pero joder, a mí no me funciona NI DE COÑA. Y flipo con que haya niños con los que funcione! Bueno, flipo y muero de envidia, jajaja! En mi caso es:

    -mama…
    -Leo, ahora estoy hablando por teléfono, cuando deje de hablar por teléfono te atiendo.
    – … (3 segundos después…)
    -mama… es que… mama un momento…
    -Leo, cariño, estoy hablando, ahora no puedo, un segundo vale?
    -mama es que es un momento… mamá… mamá, mamá, MAMÁ!!!!!! MAMÁ!!!!

    Y así. 😉

    Por eso a veces pienso que cuando damos estos consejos es importante matizar: “A MÍ me funciona”, y ser conscientes de que el mérito es sobretodo de nuestros hijos, es decir, que se esperan porque ellos quieren, no porque nosotras hayamos hablado con calma y hayamos expicado las cosas a la primera.

    No sé si sonaré borde, para nada eh?? Te hablo desde la confianza, además sé que tú pasas lo tuyo con tus pequeñas guerreras y eres humilde al máximo. Es sólo una reflexión porque mi experiencia con todas estas “frases mágicas” y “trucos respetuosos” es que no siempre funcionan, depende mucho del carácter del niño.

    Eso sí, aunque no funcione… pues sí, hay que seguir haciéndolo, explicar las cosas con calma y eso… y reSpirar muy hondo cuando el enésimo mamá se te incrusta en el cerebro y asumes que vas a dejar de hablar con la otra persona porque total, no te estás enterando de nada y ya le has hecho ejercitar su paciencia lo suficiente… y la tuya propia también. XD

    Por cierto… esa terraza mola un montón!!!! Me encanta!! Yo no tengo y es un espacio genial para montar cosas así para ellos.

    Un besazo!!!

    • Bichilla, no me suenas borde! jajaja. Helena, la que nos dio la charla tenía razón en una cosa, y por eso yo siempre hablo desde mi experiencia, y es que no hay dos respuestas iguales para dos mamás y dos niños diferentes. Yo me di cuenta, por ejemplo, de que Nora estaba estresada porque desde siempre le hemos dado muchas explicaciones que no necesitaba y que la mayoría de las veces le ponía los límites casi preguntando.

      Es que más allá de la magia, cuando te enfrentas con la verdad de: un límite conlleva a un llanto, un llanto que es bueno, que libera el organismo del cortisol creado por esa frustración y que deja al niño bien. Pero claro, a ver quien es la madre, que a priori, aguanta 30 llantinas de esas acompañando con mucho amor, porque a mi me entran ganas de matar y es entrar el padre por la puerta y decirle: te toca! jajajaja.

      Na, es un camino duro y hacemos lo que podemos, no hace falta fustigarse para nada. 😉 A veces solo nos falta tiempo para poder conectar con nosotras y así poder estar al 100% con los pitufos. Ardua tarea la nuestra y encima nada recompensada por la sociedad.

      Un besote!

  3. You rock, girl!
    Me ha encantado este post. Tu relación entre esas cosas que te crispan y como las viviste de pequeña. Me parece un planteamiento genial. Me he visto retratada en tu descripción de cómo lo hacían contigo y cómo lo haces tú. Yo también cedí ante la evidencia de la guarrería del yogur… me armé de valor y de trapos… y me relajé. Y el resultado es que mis nenes aprendieron a comerse el yogur solitos mucho antes que yo!! que todavía me lo da mi madre. Naaa… bromita.
    Esa esquina de enguarrar es preciosa! 🙂

    • Jajajaja, me encanta el comentario. Manda carayo que haya tenido que venir una mujer y abrirme los ojos de esa manera, jajaja. Sí, totalmente. Nuestro origen marca mucho! Mi suegra colapsa, era una niña entre algodones con una familia muy religiosa y la mujer hay veces que no sabe gestionar sus emociones con respecto a mis hijas… Ve lo que hacen en ese rincón y se desmaya. Un besote!

  4. Mama piofaurio

    Muy interesante tu post. Mis automáticos suelen saltar con más fuerza cuanto mayor es el cansancio, supongo que nos pasa a todas, y a todos. El espacio de experimentación que has creado para tus niñas es increíble. Mi terraza, sí se puede llamar así, es demasiado pequeña para esto. Pero podríamos irnos a casa de los abuelitos para experimentar, jajaja. Por cierto, mi niña pequeña es también una escaladora que me trae loca y que colecciona chichones. Y no se pasa con la edad, no? Ay!!

    • Jajaja, no, va a más, yo era una pequeña intrépida y con los años se convierte en un hobby. Yo lo que hago con Vera es dejar que baje ella sola de los sitios, hay veces que llora y yo estoy a su lado, cuando termina de llorar baja. Y me he dado cuenta de que esta es una manera de que ella se mida y no tenga tantos chichones. Pero bueno, las marcas de guerra son inevitables 😉 Igual, si no hay espacio en casa vale la arena del parque 😉 Un besete!

    • Jajajaja, yo tengo 200.000 automáticos, me paso el día recapacitando sobre cinco o seis, poco a poco, tampoco puedo cambiarlos en un día. Sin presión! Jajaja, un besete!

  5. Mi automático salta cuando me tira de la ropa, sobre todo para pedir teta. Me mata, me pone de una mala leche horrible. Intento evitar la situación, pero en fin… hay que trabajar. El otro salta cuando se mete en el cuenco de agua de los perros. Un día hice lo que tu, le metí en la bañera con el cuenco, y fiesta… el problema es… como le explicas que ese día si, pero el resto no? Besos!

    • Drew, lo que haría yo es, cuando el cuenco está en el suelo del salón o donde lo tengas, interponerme físicamente y tranquila pero firme decirle: aquí no te dejo, en la bañera puedes jugar con el plato, pero aquí no. Y sí, serán unas 9831478273648235482 veces, cada día una o dos o 3000 veces menos. Porque los límites los aprenden por repetición. Y hacer frente a su enfado sin problemas, eso era lo que él quería y tiene derecho a enfadarse, sin más. Pero sé que desde fuera resulta fácil decirlo y te rechina, jajaja. No hay fórmula mágica, la repetición es el secreto.

      Yo creo que no te ha de preocupar ponerle ese límite, además tiene coherencia. Y si no le quieres dejar nunca, no le dejes. Un besote!!!!

Responder a mariaddlor Cancelar respuesta